Esta mañana hemos ido con algunos alumnos a la biblioteca pública de Mérida. La biblioteca Jesús Delgado Valhondo es una de las bibliotecas más hermosas que conozco.Todo en ella resulta cómodo y acogedor: mucho espacio, luz natural por los cuatro costados y, especialmente, unas vistas soberbias. El Guadiana, el parque de las siete sillas y el puente de Calatrava crean un espacio de sosiego ideal para leer o pasar la tarde picoteando entre las estanterías. En la última planta se encuentra la sección dedicada a los autores de la región. Se ve que alguien con ganas de reírse (o espíritu surrealista) ha arrancado la ele final a la palabra "local", lo que la ha convertido en una "Colección loca", sin duda mucho más interesante. Dónde va a parar.
Me llevé una alegría hace un par de tardes cuando, al pasarme por la librería Vicente, Sara, la librera, me enseñó las bases del certamen de poesía que han organizado en memoria de su padre. Me consta que el premio será limpio (lo que ya es mucho decir en esta república liliputiense de la poesía) y que la edición quedará elegante.
Dejo aquí las bases por si alguien se anima.
Vicente Libros convoca el I Premio de Poesía "Vicente Santos" en lengua castellana con arreglo a las siguientes bases:
1. A este premio podrán concurrir los poetas de cualquier nacionalidad. En el caso de que el idioma original sea distinto del castellano deberán adjuntar una traducción de la misma a dicho idioma.
2. El ganador recibirá como premio la edición y los derechos de autor de su obra. También se darán accésit en libros y en metálico.
3. Vicente Libros publicará el original premiado.
4. El Jurado será nombrado por Vicente Libros y estará compuesto por personalidades del mundo de las artes y las letras.
5. Cada trabajo presentado ha de ser inédito y no presentado a ningún otro concurso. Tendrá una extensión mínima de 350 versos. El tema y la métrica serán libres.
6. Cada trabajo deberá incluir 4 ejemplares impresos o mecanografiados debidamente encuadernados. Llevarán solamente título y lema o seudónimo, sin firma. A los 4 ejemplares acompañará una sola plica (en sobre cerrado) en cuyo exterior figurará:
-El título
-El lema o seudónimo
En el interior de la plica se incluirá la siguiente documentación:
-Fotocopia del D.N.I., Pasaporte o tarjeta de residencia que acredite la identidad del autor.
-Una carta dirigida a Vicente Libros, que incluya el nombre y apellidos del autor, el título de la obra, teléfono de contacto y dirección. Firmada por el autor en el que únicamente se mencione: "Acepto cumplir las cláusulas de la presente convocatoria del premio".
La ausencia de la documentación solicitada, una vez abierta la plica, tras la deliberación del jurado, podrá dejar fuera del concurso a la obra presentada.
7. Los trabajos se presentarán por correo ordinario, certificado, mensajería o en mano a la siguiente dirección:
Vicente Libros (I Premio Poesía Vicente Santos)
C/ Pintores, 2
10003 Cáceres
Para los participantes que no puedan enviar sus obras por causas mayores se les permite enviar las obras a los siguientes correos electrónicos:
8. La fecha límite para recepción de las obras es el 1 de octubre del 2009. Para los envíos de correo se tendrá en cuenta la fecha de matasellos.
9. En ningún caso debe quedar desierto el premio.
10. Los participantes eximen a la organización del premio de cualquier responsabilidad de plagio o de cualquier otra transgresión de la legislación vigente en la que pudiera incurrir alguno de los participantes.
11. Las obras entregadas serán destruidas.
12. La participación en el concurso supone la aceptación de las presentes bases.
Ayer fuimos a comer a uno de los sitios que más me gusta: El Cristo. El Cristo es un restaurante de Elvas al que media Extremadura va los fines de semana. Lo peor, por tanto, son las colas. Vamos que, si uno no llega antes de las dos (españolas), puede estar seguro de que le toca esperar en la puerta un buen rato. Encima es que aquello no puede ser más feo: una especie de barracón con techo como de uralita o de chapa. Pero, en cuanto uno prueba la comida, se olvida de todos esos inconvenientes. No hay duda de que El Cristo es uno de los mejores lugares para comer en Portugal. Pedimos lo de siempre: bacalao dorado, almejas, ostras (menudo pijo me he vuelto) y una çapateira (en España la llamamos buey de mar). En fin, que todo estaba delicioso. Aunque ayer no me supo tan bien como otras veces (a pesar de que la botella de Gatao me hizo salir con un puntito de alegría), porque Irene nos dio un viaje de ida espantoso. No sé lo que le ocurrió a la niña. El caso es que la hora y cuarto que hay de Cáceres a Elvas se la pasó protestando y llorando. Y eso que probé a entretenerla de mil maneras. Desesperación. De hecho, cuando iba en el coche (conducía Chose), hablé por teléfono con Antonio Orihuela, quien, debido al llanto de fondo, me preguntó si le pasaba algo a Irene. Por la tarde, al llegar a casa (ni siquiera me apeteció pasarme por la librería Universitas), Chose me hizo prometerle que no íbamos a volver a salir jamás de casa. Me imagino que en cuanto seamos capaces de dormir una noche medio en condiciones se nos pasará.
El último premio El ojo crítico de Radio Nacional de España distinguió dos libros: Reses, de Esther Ramón, y 120 páginas sin lluvia, de Francisco José Sevilla. Sinceramente, creo que no hay color entre uno y otro. Porque, mientras que en el del segundo resultan demasiado evidentes las deudas con voces como las de Juan Carlos Mestre (quien, además, firma el prólogo), el de la primera sí es un poemario original e intenso. De lo mejor que he leído en los últimos meses.Valga este poema como ejemplo.
En medio de antiguas tumbas, unas grandes, otras pequeñas, existe una senda para el ganado y las ovejas. Bai Juyi
Soy la mano que sacrifica reses
— - —
En el vertedero de caballos todo esta listo para la representación.
Encendieron las luces de emergencia y nadie sabía si los que corrían querían salir o venían llegando.
(En realidad estaban detenidos.)
Ignoraban el humo, pero su estilizado rostro azul sonreía
a los presentes.
Se habían reunido allí para estudiar los cuerpos.
Un carpintero había fabricado siete grandes camillas
de madera. Iban a cubrirse con enorme sábanas.
Esto es obra de un demente. Alguien le hizo callar.
Los de las batas blancas se adelantaron.
Heridas de cortes desiguales. Los ayudantes anotaban cada
detalle y los más virtuosos insertaban dibujos entre las letras.
Los dos primeros animales lucían exactas mutilaciones.
El demente había concebido gemelos. Luego individuos
únicos.
Todos los caballos eran tordos menos uno blanco
que parecía intacto. Pero siguieron la costura. Los órganos
estaban descolocados. Era un orden incomprensible
en que el corazón y los riñones se apretaban en la garganta.
La luna adelgazaba aquella noche en que algunos hombres
se reunieron en un hangar, mientras los demás dormían.
Después de taparlos decidieron iniciar las diligencias.
El sospechoso podía ser un joven pálido, empleado
en un matadero. O un maquinista. O el conductor
de un circo itinerante.
Para velarlos dispusieron sillas polvorientas. Apagaron
las luces y los cristales del techo se abrieron como ojos
en blanco.
Sus pensamientos tomaron senderos diferentes pero
todos cabalgaban en el mismo bosque, saltaban obstáculos
Ruy Ventura acaba de publicar en Estados Unidos (con el título How to leave a house) su poemario Assim se deixa uma casa. De la traducción se ha encargado Briang Strang. Me alegro sinceramente de que la obra de Ruy comience a divulgarse como se merece. Él es un poeta de una sensibilidad y un talento fuera de lo común. Nosotros, dentro de unos meses (por desgracia, más de los que me gustaría), tendremos la fortuna de publicar la versión española del poemario que en Portugal le sacará la prestigiosa editorial Cosmorama. La relación de Ruy con Extremadura viene de hace tiempo. De hecho, los lectores que quieran acercarse a su obra en español deberán hacerlo a través de editoriales extremeñas: la Editora Regional de Extremadura (El lugar, la imagen), los Cuadernos Porticus (Un poco más sobre la ciudad) y, en un futuro, Littera Libros (Chave de igniçao). Ojalá Cáceres y Badajoz terminasen siendo dos provincias del Alentejo.
En Salamanca, justo detrás de la Casa de las Conchas, hay una librería que el viajero que además sea lector debe visitar. Su nombre: Víctor Jara (www.libreriavictorjara.com). No sólo ofrecen títulos distintos a los habituales, sino que encima tienen una pequeña editorial llamada Amarú Ediciones (www.amaruediciones.com). Confieso mi debilidad por una de sus colecciones: Mar adentro, dedicada a la poesía. El diseño físico de los libros me parece impecable y con gusto. Y entre sus títulos hay alguna que otra joya. Como éstas dos. Pie quebrado, del escritor hispanoamericano Cristián Gomez Olivares. Un poemario de una solidez rotunda. Vuelvo a él cada cierto tiempo y en cada nueva lectura me parece aún mejor. Es tan desconocido como magnífico poeta. Los bosques interiores, de Basilio Sánchez. Antes de que Basilio comenzase a publicar en Visor (gracias a sus merecidísimos premios), reeditó este poemario, que unos años antes había sacado la colección Alcazaba de la Diputación de Badajoz. Esta revisión mejoró un conjunto que ya en su versión inicial era asombroso.
El servicio de publicaciones de la Diputación de Málaga (www.cedma.com) tiene varias colecciones de poesía magníficas. Una de ellas es Maremoto, dedicada a la poesía extranjera. Un diseño espectacular y un contenido de lujo. Y encima los libros son hasta baratos.La dirigen Aurora Luque y Jesús Aguado. Poesía de todos los rincones del planeta. A ver si aprendemos en esta tierra tan propensa a los pavos reales.
Nota biográfica Ferrán Fernández (Barcelona, 1956) es, desde 2000, profesor de Periodismo en la Universidad de Málaga. Anteriormente lo fue en la Universidad Autónoma de Barcelona. Ejerce el periodismo desde 1980. Ha fundado y dirigido diversas publicaciones de carácter político-cultural. Ha trabajado, igualmente, en radio y televisión. En los últimos 20 años también se ha dedicado al diseño gráfico, sobre todo al cartelismo político-social y al diseño editorial y periodístico. Ha sido director de Los Libros de la Frontera, pequeña editorial ubicada en Barcelona, que publica la colección de poesía El Bardo, que en 2004 cumplió los 40 años de vida, y en estos momentos está poniendo en marcha Luces de Gálibo, otra editorial. Tiene publicados cuatro libros de poemas, Lógica sentimental (El Bardo, 1997), Sufrir en público (El Bardo, 2007), Xeografía nocturna (Ribeira, Galicia, 2007) y Peligro de vida (CEDMA, 2008). Ferrán Fernández se dedica también a la poesía visual, de la que ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas, y publicado seis plaquetas (Ulls, Barcelona, 1994; Poemas visuales, Murcia, 1997; Sin fonía núm. 1, Málaga, 2005; Sin fonía núm. 2, Málaga, 2006; Sin fonía núm. 3, Málaga, 2006, y Sin fonía núm. 4, Málaga, 2006). Su obra ha sido publicada en diversas revistas españolas y extranjeras. En el sitio http://www.ferranfernandez.com/ va apareciendo, desde febrero de 2004, una muestra de su obra gráfica y poética.
Algunos poemas
Mandamiento
Ámame sobre todas las cosas
por ejemplo
sobre la alfombra sobre la mesa sobre la arena de la playa.
Tratamiento
1. Identificar las huellas del dolor. 2. Concentrar todo el dolor en una sola herida. 3. Ignorar la herida.
Renta libre
a veces vivo sin vivir en mí
pero no por ello mi casero me rebaja el alquiler
Vida de los poetas
como todos los poetas cuando empecé a escribir lo hacía para que me leyeran muchos y no me entendiera nadie
ahora escribo para unos pocos y de forma que todos me entiendan
mañana como todos los poetas me quejaré amargamente de que nadie me ha leído o de que nadie me ha entendido y de que además el mundo ha seguido su curso como si tal cosa
Xordica (http://www.xordica.com) es una de esas editoriales independientes por las que siento debilidad. El diseño de sus libros es limpio y cuidado. Y el catálogo está repleto de perlas. He seleccionado estas cuatro que dan la medida de la calidad de lo que en ella se publica.
La novia parapente, de Cristina Grande. Un conjunto de relatos madurados, irónicos e inteligentemente femeninos. Aunque también les gustará a los hombres.
Trescientos días de sol, de Ismael Grasa. Le concedieron con toda justicia el Premio El Ojo Crítico. Más cuentos afilados y cortantes.
El oro celeste, de Manuel Moyano. El oficio y la sensibilidad hecha literatura.
Biblioteca, de Gonçalo Tavares. La obra de un genio. Distinto, original, apasionante.
La visita de los jueves a las librerías de Mérida hoy ha resultado mejor que nunca. Y eso que libros, lo que se dice libros, he visto pocos. Al subir por la rambla, me encontré de frente con Antonio Gómez. Cercano, generoso y humilde. Él, uno de los artistás más importantes del país, que tendría motivos de sobra para sacar pecho y que, en cambio, es la humildad en persona. Recién regresado del Festival de perfopoesía de Sevilla, donde ha coincidido con un amigo común (David Moreno, de Ediciones Trashumantes). Charlamos luego acerca de la próxima edición de EDITA. Confía en que finalmente podamos ir, aunque, según parece, este año se han encontrado con más solicitudes que nunca. (Les pondré una vela a los Gormitis de Manu.) Luego, cuando apenas llevaba un par de minutos en Punto aparte, veo asomándose por la puerta a Elías Moro. - Te estoy llamando por teléfono, José Mari. ¿Un café? Me acuerdo de que llevo el móvil silenciado. Por aquello de venir del instituto. El café nos lo tomamos en un bar que hay justo al lado. Me alegro de verdad de ver a Elías. Metro noventa de buena persona. Y de lector estupendo. Y de poeta magnífico. Nos preguntamos por nuestros proyectos. Me habla de una antología que le está preparando la Editora Regional y de un poemario nuevo que sacará Calambur. Conociéndolo, estoy convencido de que merecerán la pena. Nos bebemos el café sin darle tiempo a que se enfríe. Lástima no disponer más que de veinte minutos. Me esperan mis fieras de la ESO. Justo antes de despedirnos, me pide que le guarde un ejemplar de los próximos libros que saquemos en Litteratos. Oírle alabar "mi" colección me proporciona una confianza que, lo reconozco, tanta puerta cerrada a veces me roba. Un abrazo. Cuenta con ello.
Hace unos dos años se me ocurrió colgar en internet un anuncio dando cuenta de la creación de la colección Litteratos. En él se animaba a todo el que quisiera a enviar sus libros para someterlos a examen. Pues bien, me encontré con que durante los siguientes meses recibí por correo electrónico cerca de trescientos libros, muchos de ellos de Hispanoamérica. Allí había de todo: desde aficionados llenos de buenas intenciones a escritores fantásticos (como el uruguayo Manuel Arduino, cuya novela espero que pronto podamos publicar). Entre aquel alud de poemas, capítulos e índices hubo un libro que me dejó boquiabierto desde el principio. El título no era nada del otro mundo (Resistir al presente). Sin embargo, el contenido era magnífico. Se trataba de un poemario intenso y fresco que tuve que leer de un tirón. A su autor no lo conocía de nada: un joven de veinticinco años que había nacido en Cáceres, que vivía en Madrid, que había estudiado algo relacionado con la comunicación y la imagen y que rodaba cortos. Ya me hubiese gustado a mí escribir a su edad de esa manera.
Año y pico después, y ya con el libro entre las manos, sigo pensando que David va a ser una de las voces más potentes de la poesía española. Seguro.
SIGO SIENDO UN GRAN FAN
DE DAWSON’S CREEK
Podría escribir cosas mejores sobre lo nuestro,
pero prefiero cavar esta autobiografía
desmitificando esos grandes recuerdos
que no se fijan en los detalles,
y que, admitámoslo, noson justos
[con ninguno de los dos.
Si las cosas se tuercen
esta vez no voy a hacer desaparecer al protagonista,
no habrá trucos de guión para que el chico triste
[se enamore.
No estoy buscando una oportunidad
para empezar de nuevo, reescribir la historia
[y todo eso de corregir la ortografía,
sólo que me apetecía oír que las cosas
no fueron bien por aquí, que soñaste un ratito conmigo,
Una carta de la Asociación de Escritores Extremeños. Abro el sobre y la leo. Se recuerda a todos los asociados que pueden solicitar que se les incluya en la lista de autores entre los que las casas de Extremadura (las de dentro y fuera del país) tienen la opción de elegir a quien les plazca para celebrar una lectura pública. No descubro nada nuevo si afirmo que la Asociación de Escritores es uno de los pilares culturales de la región. Ahí están las aulas literarias para demostrarlo. A lo que hay que unir que la dirigen dos personas con talento y sensibilidad ( y a las que aprecio): Antonio Sáez y Julián Rodríguez. Pero reconozco que algunas decisiones que se han tomado no las entiendo. Porque, tratando de evitar que perviviesen rencillas antiguas entre varios socios, creo que se ha tirado por la calle de en medio. Cuando la junta directiva de Antonio y Julián llegó al poder, consideró que lo mejor sería calmar el ambiente otorgando la misma importancia a cuantos socios estuviesen inscritos. El problema surge, en mi humilde opinión, en el momento en que no se trata de una comunidad de vecinos, sino de un grupo formado por artistas, donde, nos guste o no, no hay dos personas con idénticos méritos. De hecho, en la práctica, para formar parte de la asociación lo único que hay que hacer es abonar la correspondiente cuota. Es decir, que por el hecho de pagar uno se convierte automáticamente en escritor. O casi. Y digo yo que alguna diferencia habrá entre publicar en Tusquets, pongamos por caso, y practicar el castizo deporte de la autoedición. Ocurre, claro, que decir según qué cosas no es políticamente correcto. Lo de todos iguales suena muy democrático, aunque en ciertas ocasiones supone deformar la realidad. Es cierto que nunca ha habido en nuestra región tantos escritores. Y tan buenos. Pero eso no implica que sean legión. Y, queramos o no, si se aspira a que la asociación gane prestigio y credibilidad más allá de los túneles de Miravete, hay ciertos nombres y, sobre todo, libros con los que no conviene que se nos relacione. Del mismo modo que lo ideal sería que todo aquel que formase parte de la junta directiva de una asociación de escritores (o que coordine un taller de escritura) fuese primero eso: escritor. Esto es, que haya publicado algún libro. Desde luego, a mí no se me ocurre llamar a un escayolista cuando necesito un fontanero.
Muchas veces se ha discutido sobre cómo influye en el mundo de la edición el hecho de que, de unos años a esta parte, las instituciones se hayan lanzado a publicar libros. En líneas generales, me parece que el balance es negativo. Porque la mayoría saca decenas de títulos al año que o no salen de sus almacenes o sirven sólo para saciar (con el dinero de todos) la vanidad de unos cuantos amiguetes. Títulos que, encima, saturan los servicios de novedades y agotan la paciencia de los lectores. Por tópico no resulta menos cierto: ahora mismo se convierte en imposible estar al tanto de lo que se publica en España. No obstante, como siempre en la vida, hay, claro, excepciones. Pienso, por ejemplo, en la colección El maillot amarillo, de la diputación de Granada, en la de Barrio de maravillas, de la Junta de Castilla y León, y en, cómo no, la Editora Regional de Extremadura. Estos tres servicios de publicaciones institucionales se comportan (en líneas generales) como editoriales privadas. O por lo menos lo intentan. Hoy quiero citar aquí un cuarto ejemplo: la colección Monosabio del ayuntamiento de Málaga. En ella uno puede hallar joyas de Pérez Estrada, Juan Carlos Mestre, José Luis Gallero (soberbia, por cierto), Miguel Ángel Muñoz Sanjuán o José María Parreño. Lástima que no se encuentren en todas las librerías de España. Queda el recurso de pedírselas al propio ayuntamiento. Merece la pena el esfuerzo.
El día salió espléndido. Y lo hizo aún mejor la comida en el Chiara, un restaurante italiano que a Chose y a mí nos vuelve locos. Está en la Plaza de San Juan, como escondido. Todo en él es discreto: apenas seis o siete mesas, un cartel muy pequeño y casi en una esquina. Pero pocos lugares he conocido con tanto encanto. La comida, de fábula; igual que su dueña, María Jesús, que tiene clase y simpatía de sobra.
Supongo que la euforia producida por la magnífica comida contribuyó en algo. El caso es que hasta la iglesia de San Juan me pareció más hermosa que otras veces. El resto de la tarde fuimos a pasarlo a Torrequemada, el pueblo de mi padre y mis abuelos. La dehesa por antonomasia. Las encinas y los alcornoques. Las vacas, los cerdos y los caballos. El Prao (así lo llaman los torrequemeños) estaba espectacular, aunque la charca tenía mucha menos agua que cuando yo tenía catorce años e iba a pescar carpas. Me ha hecho ilusión estar allí con Chose e Irene. A mí y a mi infancia resucitada. Antes de marcharnos, quise pasar por la plaza para hacerle una foto al restaurante donde se come el mejor cochinillo de Extremadura, que no sé si equivale a decir del mundo. Siempre que voy a Torrequemada, me acuerdo de este poema de Estrategias:
La cerca de piedra
Mi abuelo puso una piedra sobre la piedra que había puesto su padre.
Mi padre puso una piedra sobre la piedra que había puesto mi abuelo.
The Pata Negra es el proyecto común que El Cangrejo Pistolero y La Bella Varsovia pusieron en marcha hace algún tiempo. Hacen falta en la literatura española artefactos como éstos. Un poquito de aire fresco dentro de la página http://thepatanegra.blogspot.com
Me manda Gonzalo Escarpa un correo electrónico para informarme de que la página de la Red Fósforo acaba de abrirse. Los buenos lectores no pueden perdérsela. Ésta es la dirección: http://www.redfosforo.org
Nacido en León en 1968. Entre sus obras publicadas se encuentran títulos como Evaporado va, Oído en tierra, Voz fuera de campo, Ser no representable o Circo varado. Siempre ligado a la escritura, ha colaborado en diferentes diarios como columnista, así como en revistas literarias, Festivales de cine (como SEMINCI), catálogos de pintura o guías de viaje. Es conocido por sus trabajos con músicos (SIN RED, cuarteto de improvisadores), grupos de teatro y, en general, como agitador cultural y creador proyectos estéticos contemporáneos. Blog: oidoentierra.blogsome.com Un poema
Sin red. Esa es la consigna de los tiempos.
Que no haya retorno.
El tatuaje de este siglo lleva escrito:
un alambre tenso es el verdadero camino de la vida.
El nuevo poemario de Ben Clark lo acaba de publicar una editorial de la que no tenía noticia: Huacanamo (www.huacanamo.com). El diseño parece cuidado. Y seguro que el contenido merece la pena. Intentaré hacerme con él. Lo que me ha hecho sonreír es una foto que me he encontrado en la página de la editorial en la que se ve a Ben llevando en andas a Fernando Arrabal. Copio debajo el texto que acompaña a la imagen. En ella se hace referencia al Seminario de discurso, legitimación y memoria (www.seminario-sdlm.blogspot.com), una institución cultural que dirige en Salamanca Fabio de la Flor. De ésas cuya existencia uno agradece de manera infinita.
"El poeta huacanameño Ben Clark fue bautizado el pasado 14 de febrero, día de San Calentín, por Fernando Arrabal como Patafísico y Mallarmé-Felación de Frambuesa. Ante este gran honor el poeta recitó varios versos de su poemario MEMORÍA, sin que Arrabal le hiciera mucho caso. Fernando Arrabal acudió a Salamanca invitado por Fabio de la Flor, el SDLM y el Espacio de Arte Contemporáneo el Gallo, donde enterró una obra en el Museo Mausoleo de Morille y fue transportado en andas por varios poetas de Salamanca, Ben Clark entre ellos, hasta la catedral donde llamó a las puertas de Dios sin obtener, al parecer, respuesta."
Como hoy ha salido un día magnífico (y nuestro vecino se ha empeñado en seguir con las obras del Escorial), nos hemos escapado a Plasencia con los niños. A mí Plasencia me parece un lugar ideal para vivir que tiene a media hora decenas de lugares (la Vera, el Valle del Jerte o el Ambroz) asombrosamente hermosos.
También hoy (como siempre que estoy allí) me he acordado de Álvaro Valverde y Gonzalo Hidalgo Bayal, dos de los mejores esritores españoles, que, en lugar de irse a alguna capital a intrigar y medrar, han preferido quedarse en su esquina del mundo (tanto da 45.000 habitantes que cuatro millones y medio), aunque ese gesto de generosidad (ambos publican en Tusquets, ahí es nada) el poder se lo pague con indiferencia o cosas peores.
Al ir con Irene y Manu, nos acercamos al Parque de los pinos para que disfrutasen con las aves (pavos reales, toda clase de patos y rapaces) que se pasean por entre los árboles (que no sólo son pinos). Me fijé en que algunos niños les tiraban los trozos de pan con tanta fuerza que más parecía que deseaban dejarlas tuertas que darles de comer.
No me pude resistir y le saqué esta foto a la placa que se encuentra en la entrada del parque. Un pelín exagerada. Y que conste que estoy de acuerdo con el fondo. No sé, es un escrúpulo formal. Sobre todo porque a unos metros de ella hay una escultura de una virgen rodeada de flores. Otra exageración. O no. O será que ambas resumen la naturaleza contradictoria del mono humano.
Acabo de ver el programa del encuentro de Cosmopoética (www.cosmopoetica.es)de este año. Del 16 al 20 de abril, la candidatura de Córdoba 2016 volverá a demostrar que aspira en serio a llevarse lo de la capitalidad cultural. No quiero ponerme pesado, pero los de Cáceres ya podrían tomar nota. Supongo que no les dará por desterrar a los tres poetas cacereños que intervendrán en el encuentro. Aunque conociendo la susceptibilidad de algunos ...
Me da envidia (lo admito) la importancia que ciertas instituciones (en este caso, un ayuntamiento) le conceden a la literatura. La organización resulta ejemplar. Otra cosa (en todas partes cuecen habas) es el criterio que se emplea para seleccionar a los escritores nacionales. Porque, a poco que se conozca a las personas que organizan el encuentro, es fácil descubir entre los participantes a una cantidad sospechosa de amigos y conocidos suyos. Me quedo, no obstante, con el empeño y el entusiasmo de una ciudad que se gasta el dinero en mantener con vida ese artilugio extraño llamado poesía. A ver si en Extremadura alguien se pica y ganamos todos.
En el correo electrónico un mensaje de Emilio Torné. Al abrirlo, me encuentro con las pruebas y la portada de Diccionario de dudas, el poemario que saldrá en Calambur (espero que) pronto. Siempre que estoy a punto de publicar algo me aturde la misma sensación de extrañeza. Leo los textos como si fueran de otro, como si los hubiera escrito un primo lejano. Con todo, reconozco (lo que es la vanidad) que tengo ganas de tenerlo entre las manos.
Servidor no podrá asistir. Qué más quisiera uno. Pero si vais a estar en Madrid este fin de semana, creo que merecerá la pena acercarse. El cartel no tiene desperdicio.
Hoy el día ha sido de lo más completo. Hacía frío. Pero el frío no sale en las fotos, así que pude hacerle ésta al acueducto de San Lázaro, que es el que tenemos al lado del instituto. Desde luego, no es mal decorado para dar clase.
Además estábamos medio de fiesta. Se celebraba el día del árbol. Y lo cierto es que la cosa ha quedado bastante lucida. Los chicos se lo han tomado en serio y han conseguido que, a partir de ahora, los alrededores del instituto sean algo más habitables.
Lo mejor, sin embargo, llegó con la visita de todos los jueves a las librerías de Mérida. En Punto aparte (dónde si no) me encontré nada menos que con Antonio Orihuela. Tan cariñoso como de costumbre. Quiso invitarme a tomar un café, pero los veinte minutos escasos de los que disponía me obligaron a postergarlo para una siguiente ocasión. Aun así, pudimos charlar un rato. Lo he dicho más veces. Lo repito aquí y ahora. Me parece que tener a un artista del calibre de Antonio en Extremadura es un lujo que muchos no aprecian en lo que vale. Porque no sólo se trata de un poeta gigantesco, sino también de alguien comprometido con todo lo que lo rodea. Comprometido de verdad.
Hablamos de los próximos libros suyos que iban a salir (Antonio siempre está sacando algo) y de su predilección por las editoriales microscópicas y raras.
Antes de despedirnos me dejó hacerle esta foto. Llevaba puesta la cazadora verde con la bandera alemana.
En esta dirección http://www.nodo50.org/mlrs/Biblioteca/Biblioframe.htm el lector inquieto encontrará una biblioteca con decenas de títulos interesantísimos a su disposición. Algunos de ellos ya están descatalogados y sólo pueden hallarse aquí. Y gratis. En este catálogo destacan poemarios de resonancia enorme como los de David Eloy, Antonio Orihuela o Jorge Riechmann. Me quedo precisamente con la cita de este último que abre la página:
El capital quiere hacernos creer que somos lo que vendemos. Pero somos lo que regalamos.
Hay poemarios que se convierten en el emblema de una generación o de una corriente estética. No hay duda de que Miedo de ser escarcha pertenece a esa clase de libros. Causa admiración imaginar a alguien tan joven rematando un conjunto tan maduro. Dentro de unos años, los lectores y los críticos de poesía lo buscarán para comprender parte de la historia de la literatura española que se escribía a comienzos del siglo XXI.
Por fortuna, hoy en día el poemario está al alcance de cualquiera gracias a la red. Sólo hay que meterse en la siguiente página y descargárselo.
www.nodo50.org/mlrs/Biblioteca/palitine/escarc.doc
Bio-bibliografía
David Eloy Rodríguez nació en Cáceres en 1976, aunque lleva toda la vida viviendo en Sevilla. Es autor de los libros de poesía: Chrauf (Ediciones de la Universidad de Sevilla, 1996), Miedo de ser escarcha (Qüasyeditorial, 2000, Premio Surcos de poesía) y Asombros (César Sastre editor, colección Carne y Sueño, 2006). Poemas suyos han sido recogidos en diversas antologías. Es miembro del grupo La palabra itinerante.
Los expositores de la librería Vicente era casi lo primero que se encontraban los turistas que llegaban a la plaza mayor de Cáceres. Estaban en el Portal del pan y todos los que pasábamos por allí nos parábamos un rato a curiosear entre las novedades. Hace unos meses, por jubilación de la dueña, se cerró. Y Vicente Libros quedó reducida a la tienda (la primera que abrió) de la calle Pintores. Pues bien, a pesar de que el encanto no es el mismo, sí lo son el entusiasmo y la sensibilidad de Sara, la hija de la antigua dueña, que se ha convertido en la tercera generación de una familia de libreros de los de verdad.
El local resulta algo pequeño, aunque en él el lector inquieto encontrará piezas raras y ediciones curiosas o de ésas que los grandes distribuidores rechazan por poco rentables. De las que realmente merecen llamarse literatura.