domingo, 15 de septiembre de 2013

En Béjar con mis dos Luises

                                          Con Luis Arturo Guichard
Ayer fue uno de esos días de los que no se me van a olvidar. Habíamos quedado en Béjar con Luis Arturo Guichard y su familia para comer y pasar unas horas juntos. A Luis lo admiro como poeta. Pero desde que tuve la oportunidad de conocerlo, también lo admiro como persona. A él y a su encantadora Adelaida. Hablamos de la próxima aparición de su obra completa en México y le conté que no dejaba de recibir correos de lectores entusiasmados con su Una fe provisional. Y cómo me alegro.
Uno de los motivos para citarnos allí era aprovechar para, de paso, saludar a mi maestro Luis Felipe Comendador. Hacía casi dos años que no veía a Felipe y echaba de menos sus abrazos. Lo encontré bajo de ánimo, aunque con la sonrisa tan fácil como siempre. Sentí una rabia enorme al ver a una persona con tanto talento como humanidad preocupado por la presión que la puñetera crisis está ejerciendo sobre su imprenta. De corazón espero, porque se lo merece más que nadie, que salga pronto de esta situación. Mucho ánimo, amigo.
                                            Con Luis Felipe Comendador y Luis Arturo Guichard


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