miércoles, 15 de julio de 2015

Por qué Cáceres no figura en los libros como sede de Ediciones Liliputienses

Llego a casa después de pasar unos días en la playa. En el buzón, entre la correspondencia que se ha ido acumulando, una carta de la Diputación de Cáceres en la que se me comunica que se ha denegado la pequeña subvención que Ediciones Liliputienses había solicitado dentro del programa que dicho organismo oficial había convocado para la realización de "eventos culturales" (sic).Una amiga me había animado para que la solicitase y yo (menudo ingenuo) lo hice. El proyecto que presenté comprendía la publicación de diez libros y la organización de un ciclo de presentaciones. Diez libros con tres mil euros, ahí es nada. En la carta se nos dice que la solicitud "no se ajusta a las bases". Será a las de la ignorancia supina de los evaluadores de la Diputación, porque si no ... Y de verdad que no quiero faltarle el respeto a nadie, pero que entre la lista de los que sí recibirán la ayuda haya asociaciones con nombres tan sugerentes como "Grupo folklórico El Despertar", "Vecinos barrio judío de Hervás" o "Coros y Danza Zangaena" me recuerda por qué hace tiempo decidí que en los títulos de la editorial figuraría como lugar de edición la Isla de San Borondón y no Cáceres. No pienso hacerle publicidad alguna a una ciudad cuyo desprecio por la cultura no deja de crecer. Por cierto, el proyecto incluía, entre otros, la edición de poemarios de autores como Carlos Cociña, Omar Pimienta, Jorge Aulicino o Rafael Courtoisie, nombres que imagino que a los eximios evaluadores les sonarán a chino. La consecuencia es que esos magníficos títulos tardarán algo más en salir de lo que me habría gustado, pero, eso sí, terminarán saliendo. Por pura cabezonería isleña.

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