miércoles, 11 de noviembre de 2015

Mucho ruido y pocas nueces (a vueltas con lo de los premios de Visor)

Anda el circo de pulgas de la poesía española algo revuelto por la concesión del último certamen de Melilla. Lo publica Visor y, una vez más, lo gana un autor de la casa. Nada nuevo, vamos. A lo sumo, quizá aparezca alguien relacionado con la organización que exprese en voz baja ciertos escrúpulos. Pero de ahí no pasará. Y por supuesto no tendrá ningún tipo de consecuencia.
Lo de Visor, se ha repetido muchas veces, es escandaloso: no sólo falsea una parte de la reciente historia de la literatura española (menos mal que luego el tiempo pondrá a cada uno en su sitio), sino que además lo hace con dinero público. Y eso sí que se tendría que impedir. No es de recibo que un grupo de autores, cobijados en el todopoderoso espejismo de Visor, consigan vivir a costa de los contribuyentes.
Lo peor, lo decía antes, es que seguirá sin suceder nada. Como no sucedió nada con los sospechosos premios que obtuvieron, por ejemplo, Luis Antonio de Villena o Daniel Rodríguez Moya. Sí, hubo un poco de ruido en internet. Pero ya. Ahí siguen los de siempre riéndose de todos nosotros. Ahí siguen viajando por medio mundo y dirigiendo festivales con presupuestos mareantes. 
El galardón de Melilla sólo es uno más de la lista que la cuadrilla de Visor sabe que tiene a su disposición para ir tirando. Cuenta, además, con el de Burgos, el de la Generación del 27, el Jaime Gil de Biedma... incluso el de los ferrocarriles españoles, que, aunque no lo publiquen ellos, sí que deciden a quién se le concede.
¿Que lo de los premios se nos hace poco? No hay problema. Se saca de vez en cuando una antología (llámese de la incertidumbre o consultada) y a tirar con ella unos meses.
¿Que conviene soltar barbaridades para vender un puñado de libros? Tampoco es inconveniente. Me cisco en la poesía escrita por mujeres, pongamos por caso, todo el mundo se echa encima de mí y, cuando ya he conseguido su atención, le encargo una antología (estoy seguro de que será así) de voces femeninas a la autora que he usado como cabeza de turco.
Gracias a Ediciones Liliputienses, tengo la suerte de conocer la poesía que ahora mismo se escribe en Latinoamérica y realmente no hay color. Da igual que en España se cuente con un par de editoriales potentes que lleguen a todas partes. Salvo contadísimas excepciones, la poesía en español de verdadero mérito e interés se está escribiendo en América. Da igual la cantidad de festivales en los que lean o libros de Visor que acumulen los Rodríguez Moya, Lanseros, Fernando Valverde y compañía. Al final, por mucho que se empeñen los dueños del micrófono, no será la suya la poesía que se lea dentro de unos años.Y, en el fondo, lo saben.

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