viernes, 15 de abril de 2011

Nace "La Galbana. Pequeña editorial".


Creo que en esta región no se ha reconocido suficientemente el esfuerzo que en su momento realizó la generación de escritores extremeños que ahora ronda los cincuenta. Porque para autores como Álvaro Valverde, Gonzalo Hidalgo Bayal, Basilio Sánchez, Ángel Campos, Elías Moro, Santos Domínguez o José Antonio Zambrano lo cómodo habría sido marcharse a Madrid o Barcelona. Allí lo habrían tenido todo mucho más fácil y su reconocimiento, seguro, también habría sido mayor.

Sin embargo, optaron por quedarse aquí, en una región que culturalmente era un páramo y donde casi todo estaba por hacer. Ellos fueron los que tiraron del carro, los que crearon una red cultural de la que nos hemos aprovechado los que hemos venido después. A ellos se debe la creación de las aulas literarias, el desarrollo de la Editora Regional o el crecimiento de la Asociación de Escritores. Y son sólo unos ejemplos.
Por desgracia, tengo la impresión de que ahora mismo el panorama es
bastante diferente. Aquella agitada actividad artística (que no precisaba de presupuesto, sino de talento) me temo que se ha convertido en una rareza.
Nada me parece tan estéril como el nacionalismo. Ser de un sitio o de otro no posee importancia. Aunque sí la tiene dónde se viva. El ejemplo paradigmático de todo esto quizá sea el Aula Díez Canedo. Porque gracias a Ángel Campos, su creador, en Extremadura nos hemos ido acostumbrando a que por aquí se pase gran parte de los mejores escritores de la literatura española. Y eso, se reconozca o no, contribuye a ir generando un patrimonio no por inmaterial menos cierto.

Es decir, ese puñado de buenos autores que permanecieron en Extremadura se fueron convirtiendo en imanes que atraían a otros autores igualmente estupendos, circunstancia de la que, los que entonces estábamos formándonos, sin duda nos beneficiamos.

Decía más arriba que me da la impresión de que en la actualidad la cosa ha cambiado. Y no poco. Por supuesto que cada uno se busca las habichuelas donde puede o quiere. Sin embargo, admito que no puedo evitar sentir cierta tristeza cuando veo que escritores tan interesantes como José Antonio Llera, Javier Rodríguez Marcos, Diego Doncel, Ada Salas, Francisco Rodríguez Criado o David Yáñez, por citar sólo unos cuantos, terminan marchándose a regiones en las que encuentran más oportunidades.

Será por eso por lo que me pone de tan buen humor descubrir de vez en cuando que alguien confía en que en Extremadura, a pesar de los pesares, también se pueden dar conciertos, abrir un teatro o, como en este caso, crear una editorial.



La Galbana. Pequeña editorial acaba de echar a andar. Encima su sede se encuentra en un pueblo pequeño: Herreruela. Aunque eso no impide que el grado de exigencia a la hora de editar sea máximo. El primer título suyo que he tenido la suerte de leer es La virtud del momento, un interesantísimo poemario de Ana Baliñas. Y, desde luego, el continente está a la altura del contenido.

Gracias a José Camello, su editor, por creer en la periferia. Y mucho ánimo.

http://lagalbanaediciones.blogspot.com/


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