
No obstante, como siempre en la vida, hay, claro, excepciones. Pienso, por ejemplo, en la colección El maillot amarillo, de la diputación de Granada, en la de Barrio de maravillas, de la Junta de Castilla y León, y en, cómo no, la Editora Regional de Extremadura. Estos tres servicios de publicaciones institucionales se comportan (en líneas generales) como editoriales privadas. O por lo menos lo intentan.
Hoy quiero citar aquí un cuarto ejemplo: la colección Monosabio del ayuntamiento de Málaga. En ella uno puede hallar joyas de Pérez Estrada, Juan Carlos Mestre, José Luis Gallero (soberbia, por cierto), Miguel Ángel Muñoz Sanjuán o José María Parreño. Lástima que no se encuentren en todas las librerías de España. Queda el recurso de pedírselas al propio ayuntamiento. Merece la pena el esfuerzo.
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